
Los nacidos bajo este signo poseen una doble y mutable naturaleza representada o por la simbología estacional, que indica el paso de una estación a otra, o por la figura mitológica, mitad hombre y mitad caballo. El Sagitario está dominado por el deseo de cambio para conquistar situaciones siempre distintas (Neptuno) y vivirlas con alegría (Júpiter).
La inquietud neptuniana le lleva a desear expansionarse, evadirse no sólo físicamente de su propia familia, de su ambiente y, a menudo, de la patria, sino también a desear elevarse espiritualmente, trascender su propia subjetividad y conseguir un alto nivel de espiritualidad.
Sólo la carta natal puede revelar qué orientación tomará su personalidad. Cuando los aspectos son en su mayor parte armónicos, conforma individuos respetuosos de las reglas con un comportamiento fundamentalmente honesto y sereno, siempre a la búsqueda de ambientes confortables y seguros. La inteligencia puede ser, en estos casos, un poco ingenua y dirigida hacia lo novedoso, pero sin la fuerza revolucionaria de Escorpio.

El Sagitario de este tipo es un exuberante, un entusiasta dispuesto a cambiar de lugar y de acción, amante de la aventura, de los deportes, de los viajes, sobre todo a países lejanos, donde el contacto con razas y culturas distintas satisface su sed de novedad.
Este signo corresponde a la novena casa del Zodiaco, que representa el desapego del ambiente inmediato (representado por su casa opuesta, la tercera) y la aspiración hacia horizontes más amplios tanto físicos como mentales. A pesar de su inquietud, Sagitario es básicamente un individuo respetuoso de las convenciones y costumbres sociales, que pondera en su medida tanto el prestigio como la respetabilidad.
Sólo con posiciones fuertemente disonantes de Júpiter y Neptuno pueden aparecer sujetos rebeldes, desordenados y sin claridad de ideas. Pero en general los sagitarianos son personas joviales, serenas, que pretenden conseguir sus objetivos con ideas innovadoras, pero no demasiado revolucionarias o destructivas.
Cuando los dos elementos opuestos del signo, lo animal y lo espiritual, consiguen fundirse equilibradamente, dan individuos completos, ya que todos los componentes del ser humano están armónicamente representados y realizados. En este signo pueden encontrarse sujetos que, por posibilidad de síntesis del dualismo inherente en la naturaleza humana, pueden representar mejor que los demás al hombre en su compleja realidad.
Los signos y la correspondencia con los arcanos del tarot:
Arcano IV del Tarot: El emperador, Sol y Júpiter.
Arcano VII del Tarot: El carro, Mercurio Júpiter.